Camino,
ando lentamente,
recorriendo
una delgada cuerda,
aparentemente
frágil,
aparentemente
fuerte,
si me he mantenido hasta ahora es gracias a ella,
el día
que se reviente yo estaré perdido,
abajo
no sólo me espera la oscuridad,
temo
que más cosas habrá,
sé que
hay algo más
aguardando
para devorarme,
por eso
procuro no resbalar,
por eso
me aferro a ella,
a la
delgada esperanza,
a la
grata sensación de saber
que
puedo verte de nuevo,
de que
tal vez quisieras hablar,
que del
brillo que hay en tus ojos
surgirán
hilos que engrosen la cuerda,
entonces
el andar sería menos riesgoso,
y así
tener de nuevo
el alma
en paz
y el
corazón contento.
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