7 ago. 2014

Mi dicha y tu virtud

La virtud la llevas en los labios,
dulces como fruta fresca,
suaves…
la dicha la tengo al besarlos,
al morderlos, tan sólo rozarlos;
la virtud se ilumina en tus ojos
en los mundos que en ellos habitan,
la dicha la vivo al verme en ellos
al perderme en ellos,
 al morir bajo tus pupilas;
la virtud reposa en tu rostro
tierno y febril como flores en primavera,
la dicha me llena al contemplarlo
al dibujarlo bajo mi mano;
la virtud se esconde en tu cabello
tan libre cuando lo dejas caer
como lluvia de verano,
la dicha me invade al perder en él mis dedos,
al adentrarme en sus raíces;
la virtud se refleja en tu sonrisa
camelo por excelencia,
la dicha la siento al seguir su luz
al dejarla guiar mi camino;
la virtud baila en tus caderas
sensuales como un buen jazz
asombrosas como luna llena,
la dicha la tengo al elegirlas mi locura
al describirles mi pasión,
la virtud reside en tu ser,
en la maravilla que eres,
en lo mágico de tu alma,
la dicha soy yo al descubrirte,
al vivirte, llenarme de ti, compartir
y luego resguardarte celosamente
lo más dentro posible como ancestral tesoro…
La virtud eres tú al amar…

la dicha es mía a tu lado…

20 mar. 2014

Escribir por escribir...

Escribir por escribir, para reconciliarme con las letras, que poco a poco cada frase vaya perdiendo sentido y al fin escribir algo con pies y cabeza, no importando que esté arriba o que esté abajo. Escribir para explotar las palabras convencionales de este pobre lenguaje que dice nada diciendo mucho, que no alcanza para expresar ni la mitad de lo necesario, pero necesario para expresar lo posible e imaginar lo imposible, lo imposible de la originalidad de no hacer lo ya hecho, decir lo ya dicho, escribir lo ya escrito e idear lo ya inventado; lo imposible de no encerrarte en letras y la genialidad de poder hacerlo, ir formando de letra en letra las rosas que adornan tu celda, donde eres poesía, eres sueño, eres ilusión, donde eres todo…


Escribir por escribir, porque ya no quiero tener que decir lo siento, porque ya no quiero sentir que lo siento, quisiera no equivocarme cada dos por tres, ser más atento a mis palabras y a mis acciones, quisiera no lamentar tanto mis errores, pero sobre todo vencer los miedos, tener determinación de borracho pero sobriamente, no preocuparme por mañana y reír y reír; por otro lado quiero deslimitarme dejar de pensar que todo está dicho, que todo está hecho, dejar de pensar que amarte es lo más que puedo sentir por ti y que no puedo escribir cosas nuevas, aún y cuando seas el final de cada texto, cuando eres el último pensamiento antes de dormir y el primero al despertar, abandonar la idea de que no puedo decirte cosas nuevas aún cuando eres mi sueño más frecuente, mi mejor recuerdo, mi motivación, mi musa… y cada día desde el “hola” hasta el “bonne nuit” cada palabra que te dirijo es una palabra de amor, porque justo es amor lo que siento yo por ti…