2 feb 2013

Ishibumi

Hace muchos años, antes de que la humanidad inventara la escritura, la gente trataba de expresar sus sentimientos a través de las piedras. Se las daban a otra persona. El receptor podría saber, por su forma y aspecto, pero especialmente por apretarla en su mano, como se sentía el que la había enviado. Si era de bordes arredondeados y pequeña sería porque se sentía contento, si era grande y áspera, era porque estaba preocupado.

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